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Ponencia del Presidente de la República Italiana, Sergio Mattarella “América Latina y Europa: dos continentes unidos por la paz, la democracia y el desarrollo”

Ilustrísima Rectora, Profesora Rosa Devés Alessandri,

Señor Ministro,

Señora Prorrectora, Profesora Alejandra Mizala Salces
Señores Vicerrectores y señoras Vicerrectoras,
Decanos y Decanas,
Miembros del cuerpo académico,

Queridos y queridas estudiantes,

es un placer para mí estar entre ustedes, como huésped de una institución académica tan prestigiosa y con una tradición tan antigua, baluarte desde su fundación, en 1842, de los valores republicanos de Chile y de las Américas.

A este respecto, he observado que 21 de los 33 presidentes de la República de Chile, incluidos los dos presidentes Alessandri, antepasadosde la ilustrísima rectora, se formaron en estas aulas.

El primer ilustrísimo rector, Andrés Bello, fue uno de los más ilustres humanistas que ha tenido América Latina a lo largo del siglo XIX, además de legislador y un gran jurista. Su código civil representa una de las obras jurídicas americanas más innovadoras e influyentes de la época.

 

Gracias por las amables palabras que me ha dirigido la rectora.

Es un gran honor para mí estar aquí en Santiago y será un gran placer ir esta tarde a Punta Arenas: el extremo sur de este país maravillosamente longitudinal.

Ilustrísima Rectora,

Autoridades académicas,

Queridos y queridas estudiantes,

 

Italia ha mantenido desde siempre profundas relaciones de amistad con Chile, que se nutren también por la gran comunidad de origen italiana que forma parte del pueblo chileno, además de compartir los valores democráticos y del estado de derecho y por una acción común, incluso a nivel internacional, de tutela y salvaguarda de los derechos humanos.

A ese respecto, quisiera recordar el Instituto de Derechos Humanos y el Museo de la Memoria, promovidos por los presidentes Bachelet y Lagos.

Se trata de valores universales que han marcado de forma dramática la historia de este país.

Una historia que hace 50 años se cruzó e incluso se mezcló con la historia de la República Italiana, en un recuerdo que hoy es patrimonio común puesto que el pueblo italiano vivió muy intensamente la violación profunda de la libertad y de los derechos de las personas a manos de la dictadura militar.

La experiencia de los numerosos ciudadanos de nuestro país, de los jóvenes en particular, se vio afectada de forma muy profunda por los hechos que ocurrieron entonces en Chile, así como gran parte de la opinión democrática europea.

Considero un honor poder ser testigo de esto hoy aquí, tan sólo a dosmeses de que se cumplan los 50 años que nos separan del sacrificio del presidente Salvador Allende. 

Asimismo, deseo reconocer el gran significado que ha tenido la vuelta progresiva a la democracia tras el referéndum de octubre de 1988,incluso con la Operación Verdad sobre los lugares de detención ilegal y de tortura.

El valor de la memoria en la historia de un país, de cualquier país, es un elemento fundamental de su identidad. Al igual que en Europa,América Latina también debe pronunciar de forma clara el no al negacionismo, que es un caldo de cultivo de nostalgias autoritarias. Elnunca más después de la toma de conciencia de una nación madura debeir siempre acompañado del valor de la verdad.

Las fuerzas políticas de la Italia democrática y sus instituciones a partir de aquel 11 de septiembre de 1973, vivieron codo a codo el sufrimiento del pueblo chileno, no renunciando a actitudes de sancióndiplomática, sino trabajando para que aquí en Santiago la embajada de Italia fuese plenamente operativa convirtiéndose, en los años posteriores al golpe de estado, en un punto de referencia para cientos de perseguidosofreciéndoles un lugar donde refugiarse y salvando la vida a muchos de ellos.

Quisiera recordar por ejemplo un telegrama que envió a la embajada de Chile el Ministro de Asuntos Exteriores italiano de aquel entonces,Aldo Moro, clasificado como secreto hasta hace poco, con fecha  14 de octubre de 1973, con el que se autorizaba, yendo en contra de la práctica, a ofrecer asilo también a los no italianos.

Para muchos chilenos, las referencias de la toponomástica santiagueña, como las calles Miguel Claro o Clemente Fabres, se convirtieron en sinónimo de asilo, de protección de las torturas y de la represión y de un camino, doloroso pero de salvación, hacia el exilio.

Mientras que a nivel formal los lazos entre el régimen de la República de Chile y la República Italiana marcaban un punto de inflexión, las relaciones humanas se intensificaron día tras día.

Nuestra prensa, nuestro parlamento, los partidos políticos y los sindicatos, los movimientos de la sociedad civil y la Iglesia católica siguieron de forma apasionada las noticias que llegaban de su país. 

Fueron muchas las ocasiones en las que los italianos pudieron oír las voces de numerosos exiliados, que después se convirtieron en parte integrante de la clase directiva del Chile democrático; mientras que los famosos e intelectuales grupos musicales chilenos contribuían a mantener viva la imagen de Chile, de un Chile diferente respecto al de la dictaduramilitar.

Hoy, en la embajada de Italia, recordaremos a las víctimas de esta represión rindiendo un homenaje a la memoria de Lumi Videla, unaestudiante precisamente de esta universidad que fue salvajemente asesinada por orden de la dictadura y lanzada más allá del recinto de nuestra sede diplomática como si su cuerpo martirizado fuese un desecho del que deshacerse.

 

Excelentísima Rectora,

Queridos profesores,

Queridos y queridas estudiantes,

 

Chile, Europa, Italia en particular, han tenido desde siempre relaciones intensas de carácter intelectual, beneficiándose los unos de los otros de los respectivos intercambios y aportaciones.

Los dos continentes están unidos por lazos históricos profundamente arraigados en la vida y en la memoria de nuestros pueblos.

Sin caer en el estereotipo que ve en América Latina el extremo occidente más bien asumiendo, al contrario, las características propias de la complejidad, procedentes del legado y de la presencia de los pueblos autóctonos, es fácil observar que nuestros dos continentes son complementarios.

Pero Europa, deudora en gran medida de América Latina para su desarrollo, no siempre ha sabido mirar a este continente con la suficiente previsión y sagacidad.

Ciertamente no en el siglo XX, marcado por dos sangrientas guerras en Europa, que sin embargo condujeron, con el paso de las décadas, aconcebir primero la Sociedad de Naciones (la República de Chile se encontraba entre los países fundadores) y, después, a esterilizar las razones que históricamente habían llevado a las naciones europeas a entrar en guerra entre sí, madurando el proceso de integración que ha dado origen a la actual Unión Europea. 

La realidad sociopolítica a menudo tarda en asumir las novedades yen tomar conciencia de las mutaciones profundas que ocurren. 

En gran medida, esto es lo que ha ocurrido con el fenómeno de la globalización.

No me refiero simplemente al tema, muy importante, del intercambio comercial.

La libertad comercial es, evidentemente, una parte importante de lalibertad de la que se nutren las relaciones entre países; y es el elemento que incrementa las interdependencias entre países, que devuelve el conflicto a su auténtico absurdo carácter.

Esto lo vemos hoy en día con las consecuencias de las tensiones geopolíticas ante la insensata agresión de la Federación Rusa a Ucrania.

Más bien me refiero a la dimensión global que ha adquirido la información, a la que ha dado un impulso decisivo el desarrollo de las comunicaciones, la informática y  la tecnología digital, elementos que han atenuado o incluso anulado las tradicionales limitaciones-nociones de tiempo y lugar, convirtiendo los acontecimientos en una experiencia viva ycontemporánea para las personas de todo el mundo.

Hemos tenido que padecer experiencias negativas: primero lapandemia y después la guerra, para entender que en un mundo tan interconectado las distancias pierden su significado y las crisis globales,sea cual sea el punto de origen, se repercuten en todos nosotros con consecuencias difíciles de prever y surge la necesidad de tomar medidas a nivel de organismos como la Organización Mundial de la Salud o medidas concertadas entre las autoridades de diferentes países.

Los procesos de cambio constante que se están produciendo en laopinión pública, influida por las opciones de los Over the Top y los alineamientos internacionales, exigen que se reafirmen las reglas compartidas basadas en el respeto de la dignidad de las personas y de las comunidades.
      Necesitamos abogados de buenas causas que sepan encarar los desafíos que afectan a la supervivencia de la humanidad en su conjunto, huyendo de la mera lógica del conflicto y de la aparición, como en la reciente agresión rusa contra la independencia de Ucrania, de impulsos de confrontación militar que distraen además inmensos recursos necesarios para el desarrollo humano.

Es una prueba de responsabilidad dirigida ante todo a quienes, como la Unión Europea y América Latina, pueden y deben implementar mensajes e iniciativas a favor de la paz, el respeto del derecho internacional, la justicia social y el desarrollo.

América Latina y Europa pueden, juntos, ser estos abogados de buenas causas, compartiendo la visión de un mundo en el cual las relaciones internacionales estén basadas en el método del multilateralismo y en la construcción de instituciones comunes.

La realidad multipolar propone diálogo y colaboración bilateral con gigantes como Estados Unidos y China.

A nadie se le escapa el valor que podría asumir, en el marco internacional, la propuesta de un partenariado perfilado entre las naciones de dos continentes que comparten los mismos valores y participan enexperiencias multilaterales basadas en la igualdad y el respeto recíproco.

América Latina y Europa juntas y ambas protagonistas.

Desde su creación, la Unión Europea ha sabido difundir, alrededor de su núcleo continental original, estabilidad, valores democráticos, paz yprosperidad, ampliando poco a poco la participación de los ciudadanos y fortaleciendo el sentido de unidad, sirviendo como experiencia de referencia para otros, como es el caso de la Unión Africana.

América Latina ha sabido estar en la vanguardia del terreno de la paz con un tratado, que nació tras la crisis de Cuba en 1962, que hizo de este continente la mayor área libre de armas nucleares. El Organismo para la Proscripción de las Armas Nucleares en la América Latina y el Caribe (Opanal) creado con el tratado de Tlatelolco de 1967, ha sido un caso raro puesto que ha sido ratificado por países que como Estados Unidos,Francia, Reino Unido y Rusia, tienen armas nucleares pero se comprometen a respetar el tratado y a no utilizar ni amenazar con utilizar armas nucleares contra las partes firmantes de dicho tratado.

Este es el valor que tiene el revitalizar y fortalecer el diálogo político entre los dos continentes, y en 2023 tenemos la oportunidad, que debemos aprovechar, de retomar el diálogo, un diálogo más intenso y constante.

Dentro de una semana aproximadamente, el 17 y 18 de julio, se celebrará la cumbre de jefes de estado y de gobierno de la Unión Europea y de la Comunidad de Estados Latinoamericanos y Caribeños (CELAC).

Italia se siente comprometida a hacer de esta ocasión de encuentro un punto de inflexión en el partenariado estratégico de nuestros continentes para los desafíos del presente y del futuro, de forma coherente con su sensibilidad hacia América Latina que llevó incluso a la creación, en 1966,de la Organización Internacional Ítalo-Latinoamericana (IILA).

América Latina y la Unión Europea representan un tercio de los miembros de la Asamblea de las Naciones Unidas y comparten en los foros internacionales sensibilidades afines. Multilateralismo, derechos humanos, economía libre, inclusión social, desarrollo sostenible para hacer frente a los cambios climáticos.

En un mundo de gigantes, América Latina y la Unión Europea representan el 14 % de la población mundial y el 21 % del producto bruto.

Ambos, son los mayores productores de recursos alimentarios y por tanto comparten la responsabilidad de garantizar la seguridad en la alimentación de las poblaciones mundiales.

Es impresionante el entramado de acuerdos de colaboración,comerciales y políticos de Europa con 27 de los 33 países latinoamericanos y del Caribe, gracias a los cuales el intercambio se ha incrementado entre las dos regiones en un 40 % en los últimos cuatro años, de 2018 a 2022.

Las inversiones directas extranjeras de los estados miembros de la Unión Europea en América Latina en 2021 ascendía a casi 700.000 millones superando la suma de las de China, India, Japón y Rusia juntos.

Es una realidad de la que tenemos que ser conscientes y que mereceun salto cualitativo a nivel político e institucional.

El momento de este partenariado estratégico es este, es ahora.

Los desafíos que ambas partes tenemos que encarar son urgentes,globales y multiformes.

Juntos, los dos continentes pueden ser testigos de libertad y de progreso en este mundo multipolar.

La propuesta que la Unión Europea ha denominado “Nueva agenda para las relaciones entre la Unión Europea y América Latina y el Caribe y que se presentará en la cumbre CELAC-UE nace precisamente a partir de estas simples consideraciones.

Ante todo hay que fortalecer el compromiso político recíproco a través de un diálogo abierto, regular, constante y de alto nivel, formado por cumbres pero también visitas, intercambios de puntos de vista, conversaciones.

La reciente visita a Santiago y a la región de la Presidenta de la Comisión Europea Von der Leyer, va en la dirección justa.

Si en los últimos años muchas circunstancias explican que haya habido menos dinamismo en la búsqueda de ocasiones de encuentro, esto debe remediarse.

En segundo lugar, es necesario reforzar la arquitectura jurídica de nuestras relaciones, llevando a buen término los acuerdos de asociación que actualmente se está negociando y los ya concluidos y pendientes de ratificación. 

Se trata de acuerdos que trascienden la esfera comercial y que pueden asumir un carácter estratégico para los futuros acuerdos mundiales si sabremos aprovechar plenamente su potencial.

Pero se trata de ir aún más allá.

Espero con interés el proceso de actualización del Acuerdo de Asociación entre Chile y la Unión Europea que esperamos se firme dentro del año. Confío en que sirva de empuje y de modelo también para avanzar más rápidamente hacia la negociación con México y en los contactos con Mercosur.

Un aspecto del acuerdo entre Santiago y Bruselas merece, según mi opinión, ser valorizado: me refiero al hecho de que las cláusulas económicas estén acompañadas por compromisos y objetivos compartidos,por ejemplo, para la promoción de la seguridad laboral y de los estándares sociales, una igualdad de género efectiva, una mayor inclusión yparticipación de la sociedad civil, estándares medioambientales más elevados.

Todo ello pone de manifiesto que el partenariado al que aspiramos, para el presente y el futuro, sea más amplio, ambicioso y articulado respecto al del pasado. Encuentra sus cimientos en los valores compartidos de las sociedades abiertas y democráticas así como en la protección de los derechos civiles, sociales y medioambientales.

Este es el recorrido que tenemos que hacer juntos los gobiernos y las empresas del sector privado, para crear condiciones de bienestar socialmente equitativas y sostenibles.

La pobreza que todos queremos combatir no es sólo la escasez de medios.

Es también estar expuestos sin tutela a los efectos del cambio climático.

Si queremos evitar consecuencias nefastas, si queremos dejar a las generaciones futuras un planeta donde la humanidad pueda vivir y prosperar en paz, debemos avanzar de forma decisiva hacia una economía sostenible sin emisiones netas de gas invernadero en la atmósfera.

Algunas herramientas ya están a nuestra disposición: la Global Gateway” de la Unión Europea, por ejemplo, permitirá realizar una agenda ambiciosa a través de inversiones públicas y privadas que promuevanobjetivos concretos como, por ejemplo, la extensión de la red 5G en las áreas más lejanas de América Latina, la invención de sistemas de transporte ecológico, la mejora de las infraestructuras sanitarias y el incremento de la investigación conjunta.

Ante nosotros se vislumbran muchas ocasiones de colaboración.

Chile se ha comprometido en la lucha contra el cambio climático y es impactante el proyecto del presidente Boric que pretende que el país se convierta en un país carbono neutral de aquí a 2050.

Junto a Chile y a otros socios latinoamericanos queremos acelerar la doble transición hacia una solución duradera y sostenible para la resiliencia de cada país. 

Compartimos el interés hacia el potencial del hidrógeno verde, por ejemplo, desarrollando tecnologías conjuntas que contribuyan a maximizar los extraordinarios recursos de Chile.

De la misma manera, podemos fortalecer nuestra colaboración en el marco realmente estratégico de las cadenas de valor de los minerales críticos para la transición.

Crear abastecimientos fiables y sostenibles respetando los ecosistemas de los que se extraen estas valiosas materias primas es nuestro interés común, y es un elemento fundamental para la producción de las energías renovables que hemos prometido a las jóvenes generaciones.

Por último pero no por ello menos importante, América Latina y Europa están llamadas a realizar un esfuerzo conjunto más intenso a favor del estado de derecho, conscientes de que no puede haber desarrollo sostenible, equitativo e inclusivo sin justicia y seguridad.

Es evidente que la globalización y la interconexión no son sólo características de la vida de los países, de los pueblos y de las sociedades civiles.

Las alianzas criminales de todo tipo se han introducido en el cauce de la globalización creando redes y alianzas que menoscaban las perspectivas de crecimiento de nuestros países, de todos nuestros países, sin excluir a nadie.

Por tanto, es de interés común consolidar el estado de derecho, hacerque las instituciones públicas sean más fuertes y resilientes para que se tutelen los derechos contra la presión de los fenómenos de corrupción, y por tanto, más libres y transparentes para responder a las expectativas de nuestros conciudadanos.

Hemos dedicado un programa italiano de diplomacia jurídica con los países de América Latina en memoria de los jueces Giovanni Falcone y Paolo Borsellino, quienes antes que muchos otros entendieron la naturaleza transnacional del crimen organizado y su perjudicial efecto en el sistema, la democracia, basado en la confianza entre electores y electos.

Se trata de un acervo de experiencia que la República Italiana puede poner de buen grado a disposición de los países amigos, bilateralmente y en el contexto más amplio de los programas de asistencia de la Unión Europea.

Sólo uniendo nuestras fuerzas conseguiremos aplastar la omnipresente y nefasta influencia de la infiltración criminal.

 

Ilustrísima Rectora,

Autoridades académicas,

Queridos y queridas estudiantes,

 

en la actualidad, el contexto global es muy incierto. Estamos asistiendo a una multiplicación de las crisis y de los intentos de mermar un orden internacional basado en las reglas y el multilateralismo.

Los desafíos no se limitan solamente al marco de la paz y la seguridad internacionales, sino que nos sobrepasan en muchos ámbitos: energía, alimentación, legalidad, estado de derecho, información correcta, protección de las libertades fundamentales.

Ante este tipo de desafíos nadie es capaz de desarrollar respuestas eficaces si no es en el contexto de una colaboración amplia y profunda.

Las áreas de crisis en el mundo son hoy en día muy numerosas. Las causas de la inestabilidad son profundas.

Juntos podemos promover un enfoque de la paz capaz de captar las complejidades del momento presente.

Juntos, América Latina y la Unión Europea, conseguiremos reafirmar la urgencia de procesos de paz inclusivos, la centralidad de las Naciones Unidas, la eficacia del multilateralismo.

 

Ilustrísima Rectora,

Queridos profesores,

Queridos y queridas estudiantes,

 

como ya nos decía Gabriela Mistral, extraordinaria escritora chilena y primera mujer latinoamericana que recibió el Premio Nobel de literatura(cónsul de la República de Chile en Nápoles en 1951, después de que el régimen fascista le negó la acreditación en Génova en 1931, veinte años antes, por ser mujer), hoy podemos buscar la fuerza de las olas del mar,capaces de transformar cualquier retrocesión en un nuevo punto de partida.

Me complace pensar que este 2023 pueda representar para nosotros un nuevo punto de partida.

América Latina, Italia, Europa no comparten solamente un pasado rico de memorias compartidas.

Sus relaciones se caracterizan por un presente de sensibilidades e intereses convergentes y un futuro de bienestar mutuo.

 

Tenemos que trabajar juntos en ello.

 

Gracias por su atención.

Santiago, 05/07/2023 (II mandato)

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